Por Vicky Ramos
Inicio esta reflexión “ilustrándola” con un texto del poeta español Fernando Beltrán con el que por su naturaleza irreverente y fresca me sentí totalmente identificada.
Este texto fue creado para la presentación del catálogo de una exposición de ilustradores que involucraron en sus diseños la tipografía de manera que sus ojos le dieran una mirada distinta al mundo de las letras, por lo que el proyecto se llamó:
“ Tipos Ilustrados”.
“que ni tipos ni ilustrados. Una inolvidable bandada de artesanos con pellizco, asentadores de luz, ingenieros del alma, funambulistas con duende, arquitectos que no entregaron nunca su proyecto de fin de carrera, rastreadores de tuercas, mendigos de quintaescencias, futbolistas entrenados para golear en propia meta, quijotes de papel y mancos supervivientes de todos los lepantos que la vida fue poniendo ante ellos desde que sus padres les advirtieran de niños, y con toda la razón del mundo, que por ese camino nunca llegarían a nada. Artistas secundarios, de esos que saben que la tontería se coloca siempre en primera fila, para ser vista, y la inteligencia detrás, para ver. Estrellas, en todo caso, mucho más fugaces que estelares, que han hecho zafarrancho de limpieza en sus cajones y han decidido juntarse y dar la murga de nuevo simplemente porque si, porque han querido, porque son muy suyos, porque les va la “ mancha” que siempre llevan en la ropa o en los dedos, o porque les ha dado la gana. O la gama, mejor dicho. Porque les ha dado la real gama. Que esa sería la única manera de decirlo en roman paladino, sin quitarle una coma ni una letra.
Aseguraba el poeta que la única diferencia entre los niños y los adultos es que los niños enseñan sus juguetes y los mayores los esconden. El pan y la sal en todo caso de los mejores. El pan y la sal, por ejemplo, de esos niños grandes que, mediante sus incombustibles artefactos, nos recuerdan cada día que la verdad no tiene que revestirse obligatoriamente de la oscura seriedad con que la pintan a veces. O que lo más serio se oculta siempre bajo la ambel bufanda de una sonrisa a medias. El sino de las luces, el azar de las sombras, la ilustración perpetua.”( )
Siguiendo la naturaleza del epígrafe del poeta Fernando Beltrán, lo primero que hice fue preguntarme porqué tenía que buscarle convergencias y divergencias a la ilustración, a mis dibujos si al fin y al cabo lo que me interesa realmente es hacer manchas y con saber eso, ¿voy a converger en algún lado?, Pero como en esto siempre hay sorpresas, y eso es parte de nuestra naturaleza, busqué en el diccionario y encontré lo siguiente.
Según el diccionario Clave el significado de la palabra
Convergencia:
Es la unión o coincidencia en un mismo punto o en un mismo fin.
Divergencia:
Discrepancia o falta de acuerdo.
Viéndolo en frío, no entendí nada, lo que me obligó a analizarlo en términos filosóficos y pensé que no necesariamente las ideas que convergen sean iguales, pueden converger dos cosas absolutamente discrepantes, esto sonaba bien pero tampoco me llevó muy lejos, entonces pensé que debía empezar por una pregunta simple y concreta:
¿Cuáles actividades convergen con la ilustración?
La Historieta, la ilustración para publicidad, la ilustración científica, libros ilustrados para niños y niñas, para jóvenes, ilustraciones para estudios científicos, prensa, gráfica, pintura, escultura, moda, artesanía, uso de tipografía, textos escritos, teatro, música, cine, política, comunicación, educación, sellos de correo, arquitectura, medicina, industria, religion, deportes, poesía, filosofía, matemática, lenguaje, etc, etc, etc… y aunque ahora tenía más elementos a favor, la cuestión estaba cada vez más enmarañada, tampoco estaba descubriendo el agua tibia, la ilustración puede converger con casi todas las disciplinas y diverger con ninguna.
Aunque procurara delimitar celosamente el campo de mi trabajo, tratando de buscarle el lado simple, la gráfica de la ilustración puede estar en casi todo, lo que lo convierte en un medio de comunicación colectivo, un arte de masas.
Confirmar que se intersecta con casi todo, nos aleja de pensar que los ilustradores son bichos verdes o morados, artistas menores que no calzamos en las vitrinas de los museos, al contrario, descubrimos que hay un mundo lleno de riqueza y aprendizaje para recorrer y que no se construye en uno ni en tres ni en cinco años, tampoco en un curso de computación avanzada, ni de dibujo siete, es más , su bagaje no se termina nunca.
Deberíamos entonces tener más proyectos, más publicaciones, más exposiciones, más actividades, lo que lleva a la reflexión de que también nos corresponde como parte de esa sinergia, participar en los procesos de cambio e innovación, gestionando escenarios que estimulen la generación de ideas, creando necesidades de comunicación a través de la imagen, de los signos de nuestra propia identidad cultura, vale decir converger o diverger con creatividad.
También es importante enfocarlo de manera filosófica más que solo entrar en los problemas profesionales mundanos que nos circundan.
De la identidad se habla mucho ¿Y qué es la identidad?
La identidad está construida de la memoria común, de la historia personal, las palabras y consejos de las abuelas y abuelos, los niños y las niñas del barrio, los objetos colocados de forma absurda que vemos por la casa durante muchos años, el olor a café, los sonidos del bosque lluvioso, la música que traen los caracoles, el gato que roba la comida, y miles de los detalles cotidanos que por la fuerza de la costumbre, pasan desapercibidos.
Construir una buena gráfica con esos detalles olvidados del día a día es lo que hace la diferencia y aunque parezca paradójico, lo que hace que nuestro trabajo pueda ser universal.
Por eso, el tiempo nos enseña que no todo lo que se parezca a una ilustración es arte y la diferencia no la hace un estilo, un programa de cómputo, una tendencia de moda, ni una técnica virtuosa, la hace quien la crea, imprimiéndole el sello personal, el espíritu auténtico de su vivencia.
De no ser honestos en este proceso, el tiempo se encarga de pedirnos cuentas, nos convertiremos solamente en falsas copias y creadores de muñecos de papel y efímeras imágenes de una pasajera moda mediática.
Ilusionistas somos, enriquecernos con lo más simple, nos adueñamos de objetos communes y los transformamos, nos adueñamos de las palabras y las hacemos nuestras cambiándolas a colores y formas, hacer ver situaciones que normalmente en el trajín de alta velocidad de nuestra época no serían apreciadas.
Las convergencias entonces dependen en gran medida de la capacidad para descubrir, encontrar los espacios, la mayoría de las veces junto a cada uno de nosotros.
Y la “divergencia” dónde queda en todo este ejercicio creativo?
Alquimistas somos también pues la divergencia no podia quedar por fuera, el convertir una cosa que ya existe en otra completamente diferente sin que la primera pierda su naturaleza, se logra a través de la poesía como lo vemos en las imágenes del artista e ilustrador Isidro Ferrer( )
Y las mentiras piadosas siempre están presentes…
Después de apreciar la obra de este artista, y de muchos otros, notamos que las divergencias están también presentes en todo lo que hacemos construyendo con verdades, mentiras piadosas, como cuando se construye con materiales reales una imagen que puede ser irreal, la mayoría de las veces convergiendo con el texto escrito.
Aunque si queremos sufrir, con toda la mala intención, podemos decir que las divergencias pueden ser también las dificultades con las cuales podemos hacer una lista interminable. Pero si vemos las divergencias con ese optimismo que le cae mal a los pesimistas, se nos presentan como oportunidades, más bien como los colores complementarios que hacen vibrar el círculo cromático.
El juego convergencias- divergencias es inherente a todo tipo de creación, es un movimiento natural del universo y los ilustradores muchas veces trabajamos con esa dinámica, valiéndonos de las metáforas, las paradojas, lo absurdo aunque muchas otras veces debamos convergir o diverger de lo políticamente correcto.
Di… está chiva el ensayo…pero …y el dibujito?